CONCIERTO Pálidas fusiones
MÚSICOS BRASILEÑOS QUE MEZCLAN LA BOSSA Y EL CHILL OUT PARA INTERPRETAR LOS TEMAS MÁS CONOCIDOS DE LA BANDA DE MICK JAGGER SE PRESENTARON AYER EN EL CENTRO DE CONVENCIONES DEL HOTEL MARÍA ANGOLA
No era exactamente Hyde Park tres días después de la muerte de Brian Jones ni el circuito de Altamont en el alocado verano de 1969. El Centro de Convenciones del Hotel María Angola, a diferencia de los escenarios donde los Rolling Stones solían presentarse en sus años dorados, ofrecía una limpieza y un aire a profesionalismo que cualquier seguidor real de las piedras rodantes del rock británico habría calificado de, por decir lo menos, sospechoso.
Pero seamos justos. Aunque las canciones que sonaban en el conocido auditorio habían sido compuestas por la dupla tóxica de Mick Jagger y Keith Richards, en el escenario no estaban los Rolling Stones, ni siquiera los Like a Rolling Stone, aquella hilarante banda de tributo que se presentó hace casi dos años en este mismo local del distrito de Miraflores, sino los brasileños de Bossa N' Stones.
Pero al público todo esto le importó muy poco: la banda, conocida por usar las sonoridades de la bossa nova y del chill out para interpretar los temas más reconocibles de los Rolling Stones, había llegado a Lima precedida por un éxito descomunal en materia de discos vendidos, y eso fue suficiente para garantizar la asistencia masiva y los aplausos de rigor frente a un recital que careció por completo de sorpresa y de explosión.
UNA HELADA PERFECCIÓN
La mayor decepción de la noche no fue que los Bossa N' Stones no fuesen en realidad los Rolling Stones (ya estábamos advertidos de eso) ni tampoco que sus versiones traicionaran el espíritu fundamental de la banda británica (el de la violencia y la rebelión como estímulos del ser humano), sino más bien que las canciones de las piedras rodantes sean despojadas de su sentido particular con una interpretación poco sentida que (a pesar de la perfección vocal de la cantante y de la técnica impecable de los músicos) pudo haber sido ideada en una oficina de márketing y no en una verdadera sala de ensayos.
Resultó realmente desconcertante que la suave sucesión de notas ejecutadas en las guitarras acústicas (claras adaptaciones de los temas más apacibles del extraordinario Antonio Carlos Jobim), la sección rítmica con aroma chill out, la guitarra eléctrica con guiños y quiebres dignos del George Benson de los años 80, y el tono entre inocente y sensual de la vocalista de la banda brasileña fuesen usadas en prácticamente todas las canciones de la noche, sin importar si se trataba de la satánica e impenitente "Sympathy for the Devil" o la culposa y desgarrada "Fool to Cry". No decimos esto porque nos moleste que la cantante tratase de seducirnos todo el tiempo, sino por el hecho de que para lograrlo haya utilizado frases como "nosotros matamos a los Kennedy" o "yo estuve presente cuando Pilatos se lavó las manos", tal como hizo en "Sympathy...".
En fin. No hubo bossa nova ni Rolling Stones. En realidad, se pudo arriesgar más y elegir la vitalidad de la imperfección musical (presente tanto en la mejor bossa como en los mejores Rolling), pero una vez más preferimos optar por la seguridad complaciente del perfecto vacío.