Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

LUCES Y SOMBRAS EN EL SUBMUNDO DE QUERIDOLUCÍA

Una mirada al lado salvaje

Por José Carlos Yrigoyen

Los dos primeros
libros de Rafael García Godos, No importa borrar (2000) y el díptico Viruspop-Raggs (2004) adolecían de uno de los vicios más recurrentes en los poetas jóvenes de las últimas dos décadas: elaborar una poesía pretendidamente experimental basándose en el supuesto encriptamiento del discurso, cuando en realidad este interés en ocultar es un pretexto para exhibir un cascote impenetrable de palabras que solamente transparenta la carencia de ideas, del tener algo que decir. En su tercera entrega, Queridolucía, García-Godos parece ser consciente de esas limitaciones y articula, a lo largo de veinticuatro poemas, la historia de la sórdida Lucía, un ambiguo personaje que deambula entre los géneros, que sufre por su autoimpuesta marginalidad y sobre todo por sentirse un "hada alterada y compleja", una mutación de algo que quiso personificar y no es -ni podrá- ser del todo. Tribulaciones que recuerdan de saque las que padecía Cobra, el protagonista de la novela homónima de Severo Sarduy, otro indefinible injerto artificial.

Queridolucía significa un avance para García-Godos en lo que concierne a su capacidad para construir y estructurar poemas (como por ejemplo, "El espejo de las evasiones" y "yoteamo/soyo", seguramente entre los mejores textos del autor) y en lo que respecta a la por momentos acertada atmósfera de frivolidad y clandestinidad sexual que impregna sus páginas más desenvueltas. Sin embargo, dista de ser un conjunto logrado. En el poema inicial, "Noche Corrospun", se nos presenta a Lucía y su circunstancia de una manera que despierta el interés por seguir sus peripecias y disquisiciones. Pero mientras nos adentramos en la lectura vamos siendo testigos de cómo, mientras Lucía pugna por expresarse y desarrollarse plenamente en el imaginario donde está sumergida, su creador va reprimiendo sus reflexiones a base de imposturas, truncando una y otra vez aquí las posibilidades de una propuesta que en el mejor de los casos apenas sugiere lo que prometía.

La más obvia de estas imposturas es el constante e innecesario uso de frases y expresiones en inglés, manía que ya había herido los libros anteriores de García-Godos y que aquí no decrece sino todo lo contrario. Por otra parte, aunque aquí el lenguaje aparece más controlado, el poeta no puede evitar sucumbir frente a la retórica en los instantes decisivos -el de las revelaciones y las ideas, el de la imagen que cierra con efectividad una escena-, y alterna en el mismo poema versos precisos y terminantes ("déjenme alejado de mí / porque nada de lo que digo es verdad / invento historias para no cambiar de vida"), con otros afectados por cierta pobreza expresiva: "nuestra lucía baila para consolar / su canto de corazón puercoespín / revuelve sus cucarachas cantando". Al no poder concretar las reflexiones necesarias para consolidar la voluntad transgresora que García-Godos persigue, son algunas imágenes estratégicamente distribuidas las que cumplen con ser el centro perturbador del libro, ("he secado el sabor atardecer / en mi plexo desnudo /de aquellos muchachos amantes", "sabes ya que el pene de lucía / es un niño enfermo por su amor a los hombres") pero que, dentro del frío contexto donde están incluidas, carecen de la fuerza necesaria para inquietar al lector.

En resumen, Rafael García-Godos ha intentado construir no solo un ente que personifique las manifestaciones de la ambigüedad sexual, sino también el submundo que rodea a este, y dotarlo de características intransferibles y personales que le brinden la apariencia de un turbulento imaginario interior. Lo ha conseguido a medias, traicionado en parte por su evidente deseo de hacer una poesía moderna aunque sea en apariencia, obstruyendo con artificios y tinglados de palabras la fluidez de un discurso que acaba apenas insinuándose bajo una oscura marea formal, y que de haber sido trabajado con eficiencia, habría resultado en un original himno sobre la confusión erótica. Queda para García-Godos revisar las cuentas pendientes de su proyecto y seguir explorando la veta que en este libro ha descubierto.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook