Por Milagros Leiva Gálvez
Es justo y necesario, dice el rezo católico. La frase calza perfectamente para esta exposición itinerante que enseña a los peruanos la historia de estos cuatro maestros que lucharon por ganarse un nombre como artesanos. Dos ayacuchanos: Mamerto Sánchez y Jesús Urbano. Dos cusqueños: Edilberto Mérida y Santiago Rojas. Cuatro historias que tienen un lazo común: la sabiduría de sus manos.
Coincidencia o no, los cuatro son hombres de espíritu contracorriente. Nada en ellos es gratuito. Coincidencia o no, la V Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina, el Caribe y la Unión Europea sirve de pretexto ideal para que visitantes y anfitriones se detengan un tiempo en Miraflores y aprecien las virtudes de la artesanía andina. Las historias de los cuatro maestros se pueden conocer en detalle gracias a una serie de entrevistas que se exponen junto a sus obras. Los años de aventura y esfuerzo están reunidos.
LOS RETABLOS DE AYACUCHO
El maestro Jesús Urbano tiene 79 años y es patrimonio cultural vivo de todos los peruanos. En Ayacucho sus paisanos solían decirle Pichiucha, porque era el encargado de despertarlos a las cuatro de la mañana. Pichiucha en quechua quiere decir gorrión despertador. Su historia cuenta que aprendió los secretos de los retablos con el artesano Joaquín López Antay, que fue este mismo artesano quien lo sometió a duras pruebas antes de mostrarle la técnica milenaria y que si no fuera porque descubrió que con un batán de nísperos y papas peladas se moldean las figuras quizás hoy seguiría vendiendo raspadillas en Huamanga. La suya es una historia de lucha que comenzó cuando tenía 10 años. Harto del maltrato paternal decidió huir de su casa, de su campo en Huanta. Caminó un día hasta llegar a Huamanga, y gracias a ese trayecto cambió su vida.
CERÁMICA DE QUINUA
El maestro Mamerto Sánchez, el último gran ceramista de Pampa de Quinua, no utiliza moldes y sus manos prefieren la arcilla serrana porque la costeña no resistiría la monumentalidad de sus obras. Mamerto tiene 67 años y dice que aprendió de sus abuelos. Que empezó con ceniceros, animales y toros para la chicha. Que siempre fue creativo y que no necesitó copiar a nadie. No es un secreto que a Mamerto le gustan las sirenas. En su pueblo ayacuchano hay cataratas y según manda la tradición los músicos tienen que colgar sus guitarras en un rincón durante una o dos noches para que las sirenas las afinen. Dice el maestro que quien pasa de noche puede escuchar cómo tocan estas mágicas mujeres. A Mamerto le gusta soñar. Sus obras, sus colores son una muestra.
JESÚS ERA GORDO
Edilberto Mérida, el gran maestro, el hombre que tiene un reconocimiento en Bellas Artes de la Universidad de Harvard y que alguna vez fue postulado para el Premio Príncipe Asturias cautivó a los críticos con sus esculturas expresionistas, con sus Cristos desgarrados, de manos grandes y pies gordos, con sus cruces deformes. En 1965 las obras de este artesano se vendían en Europa, pero en su tierra natal los fieles le gritaban su espanto. No entendían que lo suyo era una prédica del hambre. Hoy el apellido Mérida es sinónimo de osadía y originalidad. De maestría.
MÁSCARAS DE PAUCARTAMBO
El maestro Santiago Rojas ha regalado al carnaval de Paucartambo unas máscaras que hoy son inconfundibles. Tiene 90 años y sigue sorprendiendo con sus imágenes, con su Niño Dios y la Virgen de la Leche que parecen hablar. Su imaginería, sus músicos y caretas han viajado por el mundo: cada pieza es única e irrepetible, y en el Cusco su nombre ocupa un lugar importante en la historia del arte. Cuando era un niño Santiago Rojas viajaba a las comunidades porque los campesinos le rogaban restaurar las imágenes religiosas. A los 10 años empezó su aventura con las manos, ha contado. Al principio limpiaba las imágenes de la capilla y de tanto verlas entendió de qué estaban hechas y cómo arreglarlas. Así empezó.