El acuerdo de gran parte de las bancadas para que prospere la reforma constitucional en materia judicial significa una de las mejores señales de entendimiento emitidas desde el Congreso.
Si bien una representación tan fragmentada tiene una complicación máxima ante cualquier intento reformista que requiere un mínimo de 80 votos, en esta ocasión todos, excepto el grupo fujimorista, estarían dispuestos a respaldar la enmienda constitucional que convertiría a la Corte Suprema en una instancia de casación.
Esto evitaría que la Suprema sea una instancia agolpada y saturada por miles de expedientes. Su futuro, de prosperar el cambio, representaría un salto hacia una instancia con capacidad para seleccionar los casos más relevantes que sirvan a su vez para establecer la jurisprudencia obligatoria para el resto de juzgados y salas del país.
En buena cuenta esto no solo pasa por descargar la labor de la Suprema, y así fomentar un mejor estudio de los casos en ese nivel, sino acortaría el tiempo de espera en la resolución de las causas que quedarían resueltas en la instancia anterior. Esperemos que los congresistas cumplan con esta modernización constitucional que tendría un impacto en millones de litigantes.
Sin embargo, para que la reivindicación congresal sea completa también tiene que prosperar la reforma para la bicameralidad, el voto facultativo y la renuncia al mandato legislativo. Incluso dar luz verde a la renovación parlamentaria.
Finalmente, cabe un llamado de atención a la bancada fujimorista que parece mantener una obtusa priorización de sus intereses sobre los del país. Esto parecería manifestarse en el uso de sus votos, como un toma y daca para obtener alguna prebenda. Los países cambian, las personas también así como los gobiernos, por eso es absurdo negarse a reformar la Constitución.