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DEPORTE TOTAL

El campeón se viste de crema

La 'U' derrotó 3-1 a Cienciano y logró el Apertura

Por Pedro Canelo

Un primer plano al mejor reencuentro. Jorge Araujo fue tricampeón con Universitario. Estuvo en aquel último título nacional del 2000. Ha anotado un gol en el arco de Cienciano y está llorando. Llora porque regresó para decirlo otra vez. Llora, pero no está triste. Es feliz y muchos lo acompañan en ese grito que tanto extrañaban. La 'U' regresa al altar de los campeones y ese llanto del 'Coco' será el retrato de quienes algún día recuerdan la noche, la gran noche, en la que fueron los mejores.

Quedará grabado que el 2 de julio del 2008, poco antes de las diez de la noche, la 'U' selló un 3-1 ante Cienciano del Cusco para ser campeón. Quedará escrito en actas que miles fueron testigos de una vuelta olímpica pendiente más de 70 meses, tras el Apertura del 2002. Demasiado tiempo. Nadie puede vivir esperando y esperando. Pero esta vez tenía que ser.

Porque la 'U' fue el mejor equipo, sin dudas, del Apertura. Porque fue el equipo que más partidos ganó (15), fue el que menos partidos perdió (2), tuvo al mejor portero del campeonato (Fernández solo recibió 17 goles) y tuvo la mejor delantera (36 goles). Los números también se mudaron a Ate.

Se celebra, se saluda y se agradece. Más de cincuenta mil personas congestionaron las pistas, pero le abrieron paso al corazón. Eran muchos, todos con los brazos abiertos. Fuegos artificiales para hacerlo inolvidable y una pantalla gigante para enfocar alguna sonrisa interminable. Todo estaba listo. Y el invitado principal no falló. Llegó puntual a su homenaje.

Que pasen los actores
Pocas veces un campeonato, una definición, se convierte en casi una ovación de teatro para saludar a los principales actores. En el primer gol, las palmas para el acertado Donny Neyra en el pase y la euforia al lado del 'Vagón' Hurtado, el hombre de la firma final durante estas fechas de Apertura. Y en el segundo, un soldado desconocido que desde hoy tendrá nombre y apellido: Jorge Araujo y su improbable aparición. El hombre del tricampeonato que ayer festejó con llanto y risa. Como lo festeja el hincha.

Un campeonato en noche redonda e ideal. Con los mejores anotando y con los anónimos en su hora de protagonismo. Los mejores actores desfilaron, no faltó ninguno, y al final se guardó un espacio para el pasado. El turno del colombiano Mayer Candelo y su asignatura pendiente. Su último festejo en este Apertura, el tercero de anoche y el que el hincha grabará para pasarlo por muchos días seguidos en su reproductor de video. Fue penal, pero no un penal cualquiera. A lo Zidane, a lo Panenka, a lo Candelo. Ideal y oportuno. Una cuota de belleza para la alegría.

Habían pasado más de setenta minutos del encuentro y la gente seguía llegando al estadio. Eran cincuenta mil, y después varios miles más. No importaba si los goles ya habían sido anotados. No. La gente quería estar en el pitazo final. Porque eso era lo que estaban esperando. La vuelta, el abrazo, el llanto, el grito. La foto, los amigos. Los padres, los hermanos. Y dirán que fue después de seis años. Nadie puede vivir esperando. Ahora el hincha crema puede respirar de nuevo para ser feliz.

OPINIÓN
El día del niño*
El niño del gorro y la bufanda sigue abrazado de su viejo y no lo suelta. Había esperado seis años, con sus noches de insomnio, y ahora que el sueño se ha cumplido, no festeja ni se alegra ni canta ni salta. Solo abraza a su viejo, un tipo mayor y ya con poco pelo, que lo ha llevado al estadio como en esas tardes de los 90. Porque esta noche todo ha vuelto a ser felicidad.

El niño también es el 'Negro' Galván, que corre con el torso desnudo hacia norte. Y también es Donny Neyra, impecable en el torneo y por eso más querido por el hincha. El niño es Ricardo Gareca, que ha dejado la serenidad para aplaudir a los miles del fanáticos que no saben cómo agradecerle. En una noche así, es imposible no sentirse un chiquillo.

Como ese niño que está abrazado a su viejo en Occidente, al que yo conocí hace mucho. El mismo que en cada almuerzo le pedía a su viejo, ahora un tipo mayor y con poco pelo, que no le comprara dulces sino que lo llevara al estadio el domingo. O un miércoles, como anoche, para decirle que lo quiere, viejo querido, y que le da las gracias, abrazado como está, sin festejar ni cantar ni saltar, por haberle presentado a la camiseta más linda del mundo.
* Miguel Villegas

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