Por Carlos Salas
Río de Janeiro [Enviado especial]. Es más de medianoche en Río y no escucho carnavales. Lo que oigo es un principio de fiesta, sin coreografías ni batucadas, encabezado por 11 tipos que no son brasileños y que se emborrachan con una copa que su país nunca bebió: La Libertadores.
Debo admitirlo: produce envidia. De la sana, supongo. Porque Liga no tiene más presupuesto que el mejor equipo peruano, pero es más que cualquier equipo peruano. Porque utilizó la altura de Quito que hoy no es herramienta de Cienciano. Porque aprovechó al 'Patón' Bauza que Cristal dejó ir. Y --finalmente-- porque no parecen más que nosotros, pero se organizan mejor que nosotros.
Ante 'Flu', Liga jugó como el 'Fla'. No solo porque se paró sin miedos, sino porque lo tuteó, jamás lo trató de usted, aunque en el primer tiempo se comió un baile que casi lo tumba a la lona. Y si Guerrón hería por derecha, Bolaños mataba por izquierda. Y si Cevallos atajaba de un lado, el portero de 'Flu' también era requerido del otro. Lejos de ser un monólogo carioca, como se presumía, el partido fue una conversación bilingüe, mitad en portugués, mitad en castellano. El huracán Fluminense que anunció Renato, fue apenas una brisa, que duró 45 minutos y alcanzó para marcar el 3-1 que emparejó el 4-2 de Quito, pero no para romper a Liga.
Perdió en los 120 minutos, pero ganó en los penales. Porque toda la precisión que tuvo Thiago Neves para emparejar la final la perdió a doce pasos de Cevallos, en el momento más importante de la copa. Porque a José Francisco jamás le temblaron las manos, tampoco las piernas. Una, dos y hasta tres veces desvió los misiles cariocas desde el punto de penal. Con las piernas, con los guantes. Qué más da. Es lo mismo. O no.
Y entonces Bauza quita su cara de palo y anuncia el llanto. Y Manso se venga de su fracaso en Independiente. Y Bieler del suyo en Colo Colo. Y dos periodistas ecuatorianos se abrazan a mi lado, mientras el estadio es una tumba. Cayó 'Flu'. Ganó la Liga. No pregunte quién silenció al Maracaná, esa olla a presión que hervía como el propio infierno con 86 mil torcedores dispuestos a echarle más leña al fuego. Solo envidie a ese equipo ecuatoriano que se bebe la copa que no es propiedad de los peruanos.