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¿Qué futuro le espera ahora al fujimorismo?

Por: Juan Paredes Castro |

El mismo personaje que labró el derrumbe del régimen de Alberto Fujimori, terminó haciendo lo mismo, ocho años después, con la defensa legal de este, tan escrupulosamente manejada hasta hoy por César Nakazaki.

Una especie de maldición masoquista muy bien compartida.

Si Vladimiro Montesinos tuvo el propósito de exculpar al ex presidente, apareciendo, desde su condición de testigo, como su socio de ayer, de hoy y de siempre, no podía haberlo hecho peor.

Habló hasta los codos de las razones de estado para delinquir y de las patrañas que se habían urdido en contra suya, es decir en contra de alguien que a su juicio debería ser reconocido casi como un patriota.

Lo más triste para Nakazaki fue que el propio Fujimori, su defendido, celebrara cada absurdo y contradicción de Montesinos, cada burla al fiscal y al tribunal, en un alarde de complicidad con las oscuras "hazañas" de inteligencia de quien declaró al comienzo su voluntad de testimoniar en el juicio para después acogerse al silencio.

De pronto ya no se trata de averiguar qué demonios pasó para que el testimonio de Montesinos terminase dañando más que beneficiando la defensa legal de Fujimori, inclusive con la colaboración alegremente gestual de este.

Una nueva pregunta gira en torno al quehacer legal de Nakazaki para sostener en adelante una defensa que estaba basada precisamente en la complicidad cero de su patrocinado con el tenebroso ex asesor de inteligencia. Lo que más bien se evidenció en la audiencia fue la complicidad de ambos para dejar al fiscal y los jueces en el puro limbo mientras se daban maña para enviar la verdad al infierno.

Y la otra pregunta crucial no se queda atrás: ¿Qué rédito político va a sacar el fujimorismo de un Fujimori desinflado en su esforzada tesis de que no sabía nada de lo que su ex asesor tramaba y consumaba durante los diez años de su gobierno? ¿Quién es ahora el bueno y quién el malo?

Menuda confusión para un movimiento político que necesita sin duda reivindicar la herencia de su líder, pero que a su vez no logra deslindar una sola línea con Montesinos.

¿Quién va hacer ese deslinde? ¿Keiko Fujimori, de quien se dice que odiaba a Montesinos? Si eso fuese tan cierto sería ella capaz de decir la verdad hasta donde esta pudiese ser creíble y válida?

¿Acaso no hubiera limpiado un poco a Fujimori el hecho de que le preguntase a Montesinos por qué traicionó su confianza de la manera tan delictiva como lo hizo? ¿No era esa la oportunidad para que le hiciera una pregunta tan simple?

A cambio de ello Fujimori acabó ñato de risa con las simplonadas de su ex asesor.

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