8:58 | El ministro de Vivienda, Enrique Cornejo, afirmó además que las zonas rurales son las que están más retrasadas en el proceso de reconstrucción
Hay una sensación de desencanto en la población. Muchos no han recibido los bonos y a quienes los recibieron no les alcanza para construir una vivienda.
Así pensado, tiene sentido el reclamo. Pero multiplicándolo por 30 mil familias son casi S/.200 millones que ha aportado el Estado. El sentido siempre fue ayudar a los damnificados en la iniciación de las obras de sus viviendas, pero la familia tiene que poner un poco de su parte. Antes del 15 de agosto del 2007, muchas de estas familias no tenían un terreno ni una edificación, había en muchos casos dos o tres familias hacinadas en una misma habitación.
Hay quienes mencionan a los procesos de titulación como el problema central.
El problema central es que durante más de cuarenta años nadie se preocupó por el saneamiento físico legal de los terrenos. Hay muchas familias que viven en inmuebles y dicen que pertenecen a las beneficencias, pero en realidad son de cofradías antiguas que decidieron donar estos inmuebles para que las beneficencias los administraran. Ahora tenemos familias que viven hace cuarenta años ahí, pero no se les puede titular. A ellos se les envía a terrenos desocupados, pero que pertenecen a privados, bajo un sistema de expropiación, aunque el proyecto de ley aún sigue en el Congreso.
Hay zonas aun más complicadas. En Huancavelica, por ejemplo, solo han recibido dinero para calaminas y ya pasó un año del sismo.
Es cierto, en zonas rurales tenemos un atraso mayor. Además hay otro problema: las zonas rurales necesitan una reconstrucción, pero ya necesitaban ayuda para lograr su desarrollo desde antes del terremoto.
Como presidente del Forsur, ¿qué opina de las propuestas para disolver este organismo?
Se han avanzado muchas cosas y hay que continuar. Lo importante es encontrar las fórmulas. En el Congreso hay una ley que plantea que de la Presidencia del Consejo de Ministros pase al Ministerio de Vivienda y así agilizar su funcionamiento.
¿No es frustrante que un año después del sismo, y a pesar de lo hecho, aún haya damnificados viviendo entre cartones y plásticos?
A todos les vamos a dar una ayuda, pero no se podrá dar la misma a todos. Además, hay que dejarse ayudar; yo quisiera seguir trasladando gente de Pisco a la zona de Túpac Amaru Inca para reubicarla, pero hay quienes no quieren y para ellos esa es la solución.
Siendo realista, pero sin pecar de optimista, ¿cuánto cree que se ha avanzado en el proceso de reconstrucción?
Yo estimo, en base a los datos que tengo, que estamos avanzando en un 40%, aunque otros digan que es mucho menos. Esto incluye agua y desagüe, remoción de escombros, trabajos en colegios y hospitales... El próximo año, cuando se cumpla el segundo aniversario del terremoto, vamos a ver esto cambiado. Pero, igual, siempre tengo el problema de las familias que hace un año, antes del sismo, no tenían nada. Yo espero comprensión.
Problemas de titulación y burocracia derivan en una lenta reconstrucción